domingo, 7 de agosto de 2011

Disfrutando a Dios como las aguas. II

En Isaías 12:3 dice, Sacaréis con gozo, aguas de la fuente de la salvación. Dios desea ser estas fuentes de aguas. Pero en Jeremías 2:13 dice; me dejaron a Mí fuente de agua viva.

De aquí que podríamos preguntar: ¿Porqué en Isaías dice fuentes y en Jeremías dice fuente?

Las aguas de salvación que encontramos en Isaías 12:3, se refieren a Cristo como espíritu vivificante que nos suministra la vida eterna, la vida de Dios, y nos salva del mundo, del pecado y de Satanás. El Espíritu Santo en nosotros no solo es una fuente, sino muchas fuentes de las cuales podemos disfrutar a Dios en diferentes maneras y en cualquier circunstancia.

EL Señor dijo: el que cree en Mí...de su interior correrán ríos de agua viva. Estos ríos son el Espíritu como fuentes de aguas que nos nutren y satisfacen nuestra sed de Dios. El salmista David decía: Mi alma tiene sed, tiene sed del Dios vivo.

Cristo es el escogido de Dios para satisfacer la sed del hombre.

En Isaías vemos a Dios como las fuentes de la salvación en Cristo. Pero en Jeremías vemos una sola fuente, no muchas, porque en Jeremías vemos a Dios en su calidad de Padre quien quería ser la fuente de vida para su pueblo escogido. Las fuentes de aguas para salvación están en el Hijo, y la fuente de vida está en el Padre. Ambos son la misma persona. Estos ríos provienen de Dios. El Padre es la fuente, el Hijo es el caudal y el Espíritu es el fluir. En la biblia vemos este cuadro en el primer capítulo de Génesis y en los últimos capítulos de Apocalipsis. En génesis, está el rio que regaba el huerto y el árbol de la vida. En Apocalipsis está el árbol de la vida con sus doce frutos y el río de la vida que sale desde el trono de Dios y del Cordero y que abastece a la Nueva Jerusalén.

En salmos 36 8-9 vemos una vez más este cuadro: …tú los abrevaras del torrente de tus delicias, porque contigo esta el manantial de la vida…

Dios quiere ser para nosotros un manantial, un torrente de agua que salta para vida eterna.Cuando tocamos al Señor en nuestro espíritu, cuando nos volvemos a Él, podemos disfrutar de estas aguas.

Otro cuadro que nos muestra a Dios como nuestra agua de vida está en la roca hendida de la cual bebieron los hijos de Israel. La roca era Cristo, quien fue hendido, herido por nosotros, para que podamos beber de El. Cuando el Señor fue herido por la lanza del soldado romano, de su costado brotaron dos sustancias: sangre y agua. La sangre brotó para nuestra salvación y el agua para darnos vida.

Hoy en día el Señor es esa fuente de agua y salvación para nosotros. Solo debemos acudir a Él y beber de Él.

El que invoque el nombre del Señor será salvo.

En Cristo: M.A.G.

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