sábado, 29 de octubre de 2011

Entrar al lugar santísimo.


Leer: Heb. 10:22. 12:22. 4:16.

Cuando Cristo resucitó de entre los muertos y regresó al Padre, Su sacrificio fue aceptado y como hombre recibió honra, gloria y potestad, porque como un cordero sin mancha inmolado desde la fundación del mundo fue a la cruz y con su inocencia pagó nuestra deuda. Por lo tanto, Su vida, Su muerte y Su resurrección fueron aceptados ante Dios como una ofrenda de olor fragante, quien luego le coronó como el Hijo Primogénito de Dios y le dispuso como Señor y Juez de todo el universo.

Ahora bien, cuando el Padre recibió la ofrenda del Hijo, nosotros estábamos en sus lomos. Estábamos incluídos en El, en Cristo, asi como Leví estaba en los lomos de Abraham cuando éste le ofreció pan y vino a Melquisedec. (el pan y el vino son símbolos del cuerpo y la sangre del Señor).

Cristo entró al lugar santísimo en los cielos, gracias a Su sangre derramada. El está ahora en la presencia del Padre intercediendo día y noche por nosotros como nuestro sumo sacerdote.

Por lo tanto, podemos entrar al lugar santísimo gracias a los méritos de Cristo, gracias a Su sangre ofrecida ante el altar celestial. Pero esto sólo se puede aplicar a través de nuestro espíritu,porque es allí donde está el Espíritu de Dios, en otras palabras, nuestro espíritu es el lugar santísimo de esta era.

Desde allí Dios está siendo infundido en nuestro interior y buscando transformar nuestra alma, ocupar nuestra mente, regular nuestras emociones y encabezar nuestras decisiones. Según abramos nuestro ser a El y dejemos que haga Su obra en nosotros, Su Espíritu transformará nuestros cuerpos y nos saturará con todo Su ser, de la misma manera en que la Shekiná (la gloria de Dios) saturó el tabernáculo en los tiempos de Moisés.

La gracia sea con tu espíritu.

M.A.G.

domingo, 16 de octubre de 2011

Dos hombres-Dos pactos.


Cada vez que sentimos depresión, alguna ansiedad, o nos perturban pecados presentes o pasados, el Señor nos debe recordar que somos nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas.

En la biblia el número dos, denota al segundo de la trinidad, al Hijo Jesús. Pero también significa el número de la nueva creación. En toda la historia de Dios con el hombre, podemos ver sólo dos creaciones. La primera, o la antigua creación, la encontramos en génesis. Allí Dios creó de la nada todos los árboles, montañas y ríos.

Pero por causa del pecado esta creación fue contaminada y maldecida. Por tanto fue necesaria una segunda creación. Esta segunda creación tiene como materia prima al Cristo-Cuerpo, o sea, Cristo en sus redimidos. Todo aquel que ha recibido a Cristo y tiene al Espíritu Santo, no es solo parte de la nueva creación, sino que es en sí una nueva creación, una nueva criatura.

En esta segunda creación, Cristo lo es todo y en todos.

También vemos dos hombres, Adán y Cristo. Adán como el primer hombre, tenía que haber cumplido el plan de Dios, de gobernar por Dios y expresar su imagen en esta tierra. Pero Adán fracasó y por causa de él, entró el pecado en el mundo. Así que Dios vino en Cristo como el segundo Adán o el Postrer Adán. Este Jesús cumplió con todas las demandas divinas y en la cruz dio por terminada la primera creación. Luego de su muerte y resurrección dio inicio al nuevo hombre, quien otra vez, viene a ser Cristo en Su Cuerpo (los redimidos) de esta era, Su Iglesia.

Esta segunda creación y este segundo Adán, no fueron creados, sino que están unidos orgánicamente al Cuerpo de Cristo. Cristo en nosotros es esta segunda creación y este nuevo hombre, pero se necesita de la edificación para que se lleve a cabo esta creación-edificación.

También vemos dos pactos. El primero que fue promulgado y sellado con la sangre de machos cabríos, no tenía la eficacia suficiente para redimir a todos los que se querían acercar a Dios. Era un pacto perecedero. El antiguo testamento junto con la ley exponía la impotencia e inutilidad del hombre caído, en su intento de tener comunión con Dios.

Fue necesario promulgar un segundo pacto, que no solo reconciliara al hombre con Dios sino que le diera a éste la manera de vivir y expresar a Dios de la misma forma que tendría que haberlo hecho Adán.

Este nuevo pacto fue firmado con la sangre de Cristo y sellado por su Espíritu Santo. En este pacto, todos los redimidos tienen la potestad de ser llamados hijos de Dios, quienes participan de Su vida, Su naturaleza y Su santidad, los cuales les hace aptos para entrar en el Reino y disfrutar de las mismas bendiciones que disfrutará Cristo cuando sea puesto por Rey de reyes y Señor de Señores sobre toda la antigua creación.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La experiencia de vida.

1Juan 5:12, El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
1Juan 5:20b. …y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

Juan 3:36. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Estos tres versículos de las escrituras nos muestran que a los ojos de Dios, solo la vida de Él es vida; aparte de esta, ninguna puede considerarse vida. Así que cuando se menciona la vida de Dios en la Biblia, se hace referencia a ella como si fuera la única vida. (Jn. 1:4 10:10, 11:25, 14:6)

Dios es vida, Cristo es Dios que viene como vida y el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios en Cristo como vida o el Espíritu de vida (Rom. 8:2). Este Espíritu de vida, el Espíritu Santo, hace que experimentemos como vida todo el contenido de Dios en Cristo. Este Espíritu Santo de vida, nos permite experimentar al Cristo que mora en nosotros y el poder de resurrección de Dios en Cristo (Rom.8:9-11). Este Espíritu de vida es el que nos conduce a hacer morir las obras malignas del cuerpo, y también es el Espíritu de vida que ora en nosotros (Rom.8:13,26). Todas las experiencias de vida que tenemos, ya sean profundas o superficiales, son producidas por el Espíritu Santo, por lo tanto, todas son experiencias del Espíritu Santo de vida.

Romanos 8:9-11 no sólo nos muestra que el Espíritu Santo es el que nos capacita para experimentar al Cristo que mora en nosotros y el poder de resurrección de Dios, sino también es el que nos hace experimentar que la vida es Cristo, y también nos muestra que Dios, quien mora en nosotros es el que nos hace experimentar la vida. Así que experimentamos la vida de Dios, en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Por tanto cuando experimentamos esta vida, experimentamos al Espíritu Santo.

Por lo tanto la experiencia de vida, es la experiencia del Dios Triuno, osea, la experiencia de Dios en Cristo y de Cristo como el Espíritu Santo para ser nuestra vida. La experiencia de vida es el Espíritu Santo que obra en nosotros llevándonos a experimentar a Cristo y experimentar a Dios en Cristo.

Cuando nosotros, en el Espíritu Santo pasamos a través de Dios y Cristo y permitimos que Dios y Cristo pasen a través de nosotros, entonces tenemos una experiencia de vida. Solamente esta experiencia del Espíritu Santo, Cristo y Dios, es la experiencia de vida. Podemos decir lo que es el celo, el vivir religioso o el mejoramiento personal, pero no podemos decir que estas cosas sean experiencias de vida. Experimentar la vida, es experimentar a Dios, a Cristo y experimentar al Espíritu Santo. Esto no proviene de nuestros propios esfuerzos ni tampoco es un intento para mejorarnos; más bien proviene de Dios que se mueve en nosotros, de Cristo que vive a través de nosotros, y del Espíritu Santo que nos unge.Que nosotros busquemos esto.

Tomado del libro: ¨El conocimiento de la vida¨de Witness Lee.